Por José Odisio - CLG
Por José Odisio
Hay calma en el Parque. Lo perciben los directivos, lo sienten los futbolistas, lo transmite la gente. La racha de cinco partidos sin perder con once puntos sobre quince provocó alivio, y por qué no ilusión.
Queda un partido ante Vélez. Y sin importar el resultado, la sensación de todos es que Newell’s llega al receso sin esa carga de angustia con la que convivió los primeros meses del año.
Obviamente es poco conformarse con no pelear el descenso. La Lepra debe aspirar a cosas mayores, a entrar entre los ocho primeros, a clasificar a una Copa, a pelear un título. Pero el panorama era tan desalentador, que este milagro que logró Kudelka parece suficiente, al menos por ahora.
Y ahí está la clave. Kudelka acomodó las cosas. Le dio cierta identidad al equipo, lo hizo competitivo. Costó un poco, porque el físico y la cabeza estaban muy mal. Y hubo refuerzos que fallaron, aunque no eran tan malos como parecían.
El DT ya hizo una evaluación total. Pedirá nombres para los puestos donde considera necesita titulares, o algún recambio. Pero esa nómina será menos de lo que muchos suponían hace algunas semanas. Reinatti le solucionó el problema del arco; Jero Russo el deficit en el lateral izquierdo; y Regiardo se consolidó como cinco, con la ayuda de Rodrigo Herrera. Los pibes cubrieron necesidades. Y la tesorería leprosa lo agradece.
Pero faltan dos o tres jugadores de calidad. Eso que puedan darle a este equipo un salto de calidad. Pasar de ser competitivo, a aspirar a objetivos mayores. Y eso Kudelka y la dirigencia lo saben. Newell’s no puede seguir entre la angustia y el sufrimiento. Es hora de apuntar más alto.
