Por Diego Añaños – CLG
Mientras la economía se desliza hacia las profundidades de la crisis en un tobogán engrasado a tal efecto. Mientras los discapacitados, los jubilados y los docentes reclaman por sus derechos. Mientras la interna libertaria a cielo abierto dejó hace rato de ser una tragedia para transformarse en un paso de comedia. Mientras la imagen de la gestión no para de deteriorarse semana a semana. Mientras los escándalos de corrupción se solapan, uno sobre otro, día tras día. Mientras los mercados financieros internacionales nos dan la espalda. El presidente está en un cumple. Viaja por el mundo moviéndole la cola a los asesinos globales de Donald Trump y Benjamín Netanyahu, como la Canela (la pequinesa de mis vecinos de la adolescencia en Barrio Belgrano, los García). Viaja perpetrando una dudosa versión de “Libre” y bailando como un pancho en el acto del Día de la Independencia de Israel, como si tratara de un acto patrio. Los más grandes diremos que es patético, los más chicos que les da cringe.
Pareciera que el presidente no se da cuenta (tal vez finge locura), pero en las filas libertarias ya se percibe la evidencia atronadora de la velocidad a la que se acerca el paredón. Dicen que cuando se hunde un barco, las primeras que lo abandonan son las ratas. En la política no siempre es así. Los primeros que se van son los que se quedan sin juego, como Ramiro Marra, Marcela Pagano, Lourdes Arrieta, o la misma vice-presidenta. Pero las ratas suelen quedarse para aprovechar hasta la última migaja. Eso sí, cuando las cosas se complican, comienza el juego de las acusaciones cruzadas. Las últimas semanas el grado de agresividad de la interna de La Libertad Avanza ha alcanzado niveles de toxicidad nivel Chernobyl. Karina contra Santiago Caputo, Lilia Lemoine contra el Gordo Dan, Victoria Villarruel contra todos los funcionarios de su propio partido, etc. En fin, una batalla donde no se da ni se pide cuartel, ante una sociedad atónita que no puede creer que sean esos irresponsables los que tienen el comando del barco.
La calesita de la economía ya chocó hace rato, y no hay ninguna posibilidad de que se recupere, al menos con estas políticas. La cuestión es que, además, el gobierno viene perdiendo progresivamente sus principales armas. La primera es el relato. Ya nada queda de la dolarización, la eliminación del Banco Central, la lucha contra la casta o la moral como política de Estado. Poco va quedando de las promesas de expansión económica, el fin de la inflación o la quimera de los salarios volando. El sueño libertario se va deshilachando lentamente, y nada puede detener su caída. La segunda arma perdida es la capacidad de instalar la agenda. Hoy la oposición y los medios de comunicación son los que deciden de qué se habla. Cualquier esfuerzo del gobierno por recuperar la iniciativa política choca contra sus propias limitaciones de gestión política. La tercera es la comunicación. La sucesión de escándalos que está protagonizando Manuel Adorni, sacó del partido a su jugador estrella. El mismo que hasta hace algunos meses se paraba canchero en su atril y descansaba a los periodistas en las conferencias de prensa, hoy no puede ni dar el diezmo en la iglesia sin que lo despellejen en las redes. Manucho es un meme caminante, de ahí no se vuelve. El ex (?) vocero es como esos números diez de botines blancos, vincha y pelito largo. Te sirven para cancherear si vas ganando 3 a 0, pero si vas perdiendo o se comen una murra, se esconden y no quieren la pelota.
Ahora, mientras los libertarios se matan y Javier delira, nosotros seguimos corriendo la coneja. Estamos tan habituados al desastre, que vemos y escuchamos las noticias y todo parece resbalarnos. Los datos se acumulan como una gigantesca lasagna, a tal punto que a veces es difícil recordarlos. Pero vayan, a modo de resumen, algunos de los titulares de las últimas horas, como para tomar dimensión. “Casi el 60% de los menores en la Argentina son pobres”, según los datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina, que realiza periódicamente la UCA. “La industria y los supermercados prevén ventas débiles y más recortes de personal”, de acuerdo a la Encuesta de Tendencias de Negocios de la Industria Manufacturera y del sector de Supermercados y Autoservicios mayoristas que publica el INDEC. “La actividad económica cayó un 2,6% en febrero”, contra el mes de enero, por supuesto. Paralelamente, y según la medición interanual del Estimador de Actividad Económica, la caída fue del 2,1% contra febrero de 2025. “El asado se vuelve un lujo: el consumo de carne cae un 10% y marca el piso más bajo en dos décadas”. Ah, eso sí, en el medio de todo este berenjenal La Nación titula: “Con el dólar estable, volvieron a aumentar las compras en el exterior vía courier y superan los U$S100 millones por mes”. La cifra es un 13,2% más que en febrero y un 123% más que en marzo del año pasado. Ahí tienen el consumo creciendo, como le dice el ministro de Economía.
Un año atrás me encontré en la puerta de la Facultad con un querido ex-alumno, y hoy docente ya consagrado. Me preguntó preocupado: “Y si les sale bien???”. Le contesté: “José, no es cuestión de suerte, no hay modo de que esto funcione”. Ni suerte ni impericia, todos los programas neo-conservadores fracasaron en la Argentina. Hoy las ratas comienzan a escapar, y ya aparecerán los arrepentidos. Como el periodista norteamericano Tucker Carlson, que recientemente pidió disculpas por haber impulsado la elección de Donald Trump. No me quedan dudas de que pronto muchos periodistas seca-nucas del poder comenzarán a darse vuelta y a esmerilar al Gobierno. No les creamos, son los mismos atorrantes de siempre que, una vez más, se vuelven a disfrazar de republicanos.
