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Rosario: cae fuerte el consumo de carne vacuna y crecen el pollo y el cerdo


El cambio en los hábitos alimentarios responde al impacto del precio: la carne bovina se desploma hasta un 45%, mientras que alternativas más económicas ganan terreno en los hogares

Las calles de Rosario hoy dejan una postal cada vez más frecuente: más pollerías y menos protagonismo de las carnicerías tradicionales. Detrás de esa imagen hay un dato contundente: en Rosario, el consumo de carne vacuna cayó entre un 40% y un 45%, mientras que el pollo y el cerdo crecieron cerca de un 20%.

Lejos de una moda o cambio cultural, se trata de una adaptación forzada por el bolsillo.

Hoy, el kilo de carne vacuna puede superar los 24.000 o 25.000 pesos, un valor que la deja fuera del consumo cotidiano de muchos hogares. En contraste: el pollo ronda los 5.000 pesos por kilo; un pollo entero puede alimentar a varias personas por poco más de 10.000 pesos. Mientras que el cerdo gana terreno con cortes como la pulpa de jamón, cerca de 10.000 pesos.

En ese escenario, las familias reconfiguran sus consumos y priorizan lo que rinde más.

El presidente de la Sociedad de Carniceros de Rosario, Juan Ramos, fue claro: “El consumo está complicado. La gente se vuelca a lo más económico”.

Además, remarcó que no se trata de un cambio de gustos: “No es que la gente dejó de consumir carne vacuna porque quiso. El problema es el poder adquisitivo”.

Más pollerías, pero no necesariamente más negocio

El corrimiento también impacta en el mapa comercial. Abrir una pollería aparece como una alternativa más accesible que una carnicería: menor inversión inicial. logística más simple y menos variedad de productos.

Sin embargo, el propio Ramos advirtió que no es un negocio sencillo. Los costos siguen siendo altos y la rentabilidad depende del volumen de ventas. “Hay una idea de que es fácil, pero necesitás capital y movimiento constante”, explicó.

En muchos casos, estos emprendimientos surgen como respuesta a la pérdida de empleo, con inversiones familiares y una lógica de subsistencia.

El asado también cambia

El impacto llega incluso a una de las tradiciones más arraigadas: el asado. Para cuatro personas, la carne vacuna puede superar los 40.000 pesos, lo que obliga a reformular la parrilla: más pollo, más cerdo y más verduras. El “ingenio” se vuelve clave para sostener costumbres en un contexto económico adverso.

Un fenómeno que trasciende Rosario

A nivel nacional, los datos reflejan la misma tendencia. Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), el consumo de carne vacuna cayó a 47,3 kilos per cápita anual, uno de los niveles más bajos en dos décadas.

A esto se suman factores estructurales: estancamiento del stock ganadero, aumento de exportaciones y falta de respuesta rápida en la producción. Todo esto presiona sobre los precios y reduce la oferta en el mercado interno.

Una economía que redefine hábitos

El resultado es un consumo fragmentado, donde las alternativas más económicas crecen, pero no logran reemplazar completamente a la carne vacuna.

Rosario refleja con claridad este proceso: lo que cambia en los mostradores y en los barrios es, en definitiva, el reflejo de una economía que obliga a ajustar incluso algo tan cotidiano como lo que se pone en la mesa.