Por Diego Añaños – CLG
En la última edición del Foro de Davos Javier Milei decretó la muerte de Maquiavelo. No lo hizo en su papel de economista, sino en el de médico forense de la teoría política occidental. Por supuesto que ya nadie se asombra. La hipérbole es un hábito que el presidente practica con una disciplina que sería la envidia de cualquier monje shaolín. Sin embargo, y por mucho que le pese al León, las enseñanzas del maestro florentino siguen resonando más de cinco siglos después. Maquiavelo afirmaba que el éxito de un político, dependía de la compleja interacción entre la Virtud (la habilidad, la astucia, la inteligencia) y la Fortuna (lo azaroso, lo impredecible, lo aleatorio). Un príncipe jamás podía descansar en que sus capacidades como gobernante fueran suficientes para garantizar alcanzar, conservar, y ampliar su poder. Debía tener en cuenta que la Fortuna tenía que ser dominada, controlada, de modo de reducir al máximo las chances de que lo inesperado hiciera nufragar sus planes.
Es cierto que la Fortuna hoy no acompaña al presidente. Luego de las alcanzar todas las victorias legislativas que el gobierno necesitaba para sentar las bases del despegue de su proyecto, el escenario global se complicó. La guerra desatada en Oriente Medio tiene consecuencias directas, tanto económicas, como comerciales y financieras. Y esas consecuencias afectan seriamente, al menos en el corto plazo, los planes de las Fuerzas del Cielo. Por un lado, induce tensiones inflacionarias internas. Por el otro, esas mismas tensiones se reflejan en la economía norteamericana, presionando el índice de precios al alza. La respuesta habitual de la Reserva Federal ante ese fenómeno suele ser un aumento de la tasa de interés de referencia. Y, si hay algo que el gobierno no necesita en este mismo momento es un aumento de la tasa de interés a nivel global. Además, un incremento en los grados de incertidumbre en el ecosistema financiero internacional que produce un conflicto armado a gran escala, producen habitualmente una reversión de los flujos de las economías emergentes hacia las economías desarrolladas, más sólidas y estables. Otra mala noticia para los libertarios. Ah, todo esto en medio de la Argentina Week en Nueva York. Sintetizando en una frase: estamos vendiendo chascos en un velorio.
Pero claro, uno podría decir que, en momentos de zozobra, cuando el azar nos da la espalda, es cuando más tenemos que confiar en las virtudes del líder para gestionar la crisis. Entonces Javier Milei, haciendo gala de su absoluta falta de Virtud se sube al estrado para seducir a un grupo de empresarios norteamericanos y convencerlos de las potencialidades que tiene el país como receptor de inversiones. Y qué hace el genio del alma? Habla mal de los empresarios. Parece un chiste, pero no tiene remate. Si, así como se los cuento. Se sube a un avión, viaja 11 horas, 8.500 kms, para ir a contarle a los empresarios yanquis que los que “defienden la industria nacional son unos chorros” (sic). Al margen de que es un hecho que no les importa un pito la disputa entre el presidente y los empresarios vernáculos, hay un par de cosas que Milei parece perder de vista. La primera es que Paolo Rocca no es cualquier empresario. Tiene profundos vínculos con los EEUU, ya que no sólo varias de las empresas del grupo Techint tienen sedes en el país del norte, sino que muchas empresas norteamericanas son clientes suyos. Además, y para terminar de embarrar la cosa, parece olvidar que Donald Trump es un presidente que incansablemente defiende la industria nacional (la suya, claro). Pero bueno, el Javo ya nos tiene acostumbrados. El año pasado, en Davos, dijo que los homosexuales eran abusadores de menores. Lo hizo delante del Secretario del Tesoro de los EEUU, Scott Bessent, que casualmente es homosexual. Ni el Chavo se atrevió a tanto.
Y cuando todo era un tembladeral, la frutilla de la torta: nos enteramos de que Adorni se lleva a su mujer a Nueva York con la comitiva oficial, en el avión presidencial, y a dormir al hotel que garpamos todos con la nuestra (si, como decían en el kirchnerismo, con la plata de los jubilados). Dado que es un jugador demasiado importante para el esquema libertario, el gobierno en pleno salió inmediatamente a blindarlo. El Jefe de Gabinete, por su parte, es como Rafael Nadal, te las devuelve todas, y salió a responder, sin repetir, sin soplar, y sin ponerse colorado: “Vengo a deslomarme y quería que me acompañe”. Qué suerte la de Manuel, al margen de que se tiene que romper el lomo laburando, que se puede llevar a su mujer a un viaje de trabajo a Nueva York. A esta altura poco importa quién puso la plata. Porque les aseguro que cualquier termocéfalo fuerzacielista no dudaría en decir: “si es necesario la plata la pongo yo con gusto. Por lo menos ahora las cosas se están haciendo bien”. No importa tampoco que les recordemos que Manuel se espantaba por los U$S900 que se pagaron por las habitaciones de la comitiva presidencial que llevó Alberto Fernández a una cumbre de Naciones Unidas en 2022, cuando ahora pagaron US3.500 (si, casi tres veces más!!!). Es así, y volvemos a Maquiavelo, cuando te sonríe la Fortuna te perdonan todo, y además podés viajar acompañado de tu compañera, para restañar las penas de un trabajo que te desloma. Una fortuna que por cierto no le sonríe a la inmensa mayoría de los trabajadores en la Argentina, que no sólo se desloman, sino que, según un reciente informe de la UCA, se están salteando comidas durante sus jornadas laborales por motivos estrictamente económicos. Ni hablar, por supuesto de llevarse a su pareja de viaje para hacerle compañía. Sin embargo, seamos sinceros, nadie dijo que la bonanza era para todos, habrá que acostumbrarse a la regla darwinista del libertarismo: el nació para pito, nunca llega a ser corneta.
Finalmente, y para ir cerrando. El jueves el INDEC publicó la inflación del mes de febrero, que se ubicó en el 2,9%, el mismo nivel del mes anterior. Sería exagerado decir que el número sorprendió, pero estuvo por encima de las expectativas de la mayoría de los agentes económico-financieros. En su papel de vocero económico del Gobierno, Luis Caputo había declarado enfáticamente que la inflación de este mes sería menor que la de enero. Por otro lado, tanto el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, que proyectó un 2,7%, como el de la mayoría de las consultoras privadas, esperaba un número más cercano al 2,5, que al 3%. Luego de tocar el piso en junio del año pasado (1,5%), la inflación no ha parado de crecer en los últimos ocho meses. Hasta fines del 2025 el argumento del gobierno era que, si bien la inflación intermensual crecía, pero la interanual bajaba. Esto fue cierto hasta octubre del año pasado, pero de ahí en más la inflación interanual tampoco para de crecer. Evidentemente el gobierno se encuentra entrampado en una disyuntiva, ya que había transformado a la baja de inflación en su principal bandera, y cada vez se le está complicando más sostener el relato. Todo hace pensar que el objetivo de llevar con un cero por delante para agosto es virtualmente imposible. En el camino, quedan los grandes perdedores de esta historia, los trabajadores, cuyos salarios corren desde atrás al índice general de precios, mientras su situación empeora mes a mes.
