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Carlos del Frade presenta un nuevo libro: «Cincuenta años después – De Videla y Galtieri a Milei»


Carlos del Frade, político, periodista y escritor, presenta su nuevo libro, “Cincuenta Años Despues- De Videla y Galtieri a Milei». Una obra publicada por Editorial Fundación Ross.

La presentación oficial del libro ya tiene fecha: será el 25 de marzo en Rosario a las 19.30 en la Asociación Empleados de Comercio (Corrientes 450). En la ciudad de Santa Fe se realizará el 26 de marzo a las 19.30 horas en la sede de Festram (Freyre 1635).

“El golpe se hizo para defender al capital y la empresa privada, medio siglo después resulta fundamental volver a contar lo que hay detrás de los personajes, los hechos, las torturas y la apropiación de bebés: la depredación de lo colectivo, desde lo material al pensamiento propio… (puede leerse en la contratapa del libro).

Prólogo

“Nací en el ’63, con Kennedy a la cabeza

Una melodía en la nariz, creo que hasta el aire estaba raro

Mediaba marzo

El mundo me hizo crecer entre zanahoria y carnes

El ’69 me encontró viendo a ese hombre en esa Luna televisada

Y vino el colegio, y vino Vietnam

Los yanquis juraban amar el napalm

Jobim me dormía en la noche cuando todo era calma

Tocaba folklore, después rock and roll

Y ahí llegó Lennon hablando de amor

¿Qué pasa en la Tierra que el cielo es cada vez más chico?

El barrio está igual que ayer

Voltearon la casa de al lado

La gente está igual que ayer

Con un par de añitos encima

Después empecé a fumar en cada rincón oscuro

Ya corría el ’76: No se puede andar solo en la

calle sin un revólver…”, escribió “Fito” Páez en su canción “Del 63” que también el dio el título a su primer álbum de estudio en 1984, cuando recién tenía veintiún años.

Medio siglo en la geografía y la historia.

En las varias formas de geografías, algunas físicas y otras sentipensantes.

En las distintas maneras de vivir, pensar o negar la historia.

Caminándola de atrás para adelante o al revés.

Una propuesta es hacerlo desde el método periodístico: de lo cercano a lo lejano, de lo particular a lo general.

Hace cincuenta años atrás esperaba una prueba de Botánica.

Era el primer año de la escuela secundaria en el Instituto “Dante Alighieri”, de Rosario.

Medio siglo después, en la vereda de esa institución hay una baldoza que recuerda a uno de esos compañeros de otro curso, Fito Páez, el “Del 63”.

También hay otras baldozas al lado de la de Fito que hacen memoria sobre otros ex estudiantes que fueron arrancados de la vida. Desaparecidos. Adriana Bianchi, Sergio Jalil, Oscar Bouvier y Ricardo Meneguzzi. La referencia de Fito está en la vereda de la escuela y a su lado, estas placas. En este libro revivirá la lucha de la mamá de Sergio, Nelma, Madre de la Plaza 25 de Mayo de Rosario, en su pelea descarnada contra las mentiras del Arzobispado de la ex ciudad obrera.

Cincuenta años después, caminar las mismas calles impulsa nuevas miradas quizás porque el andar del pensamiento tenga una relación con el recorrido físico. También lo hacen las ideas, también van y vienen los recuerdos, las emociones, los sentimientos y las personas.

Aquella mañana del 24 de marzo de 1976, mientras intentaba saber qué decía Dos Santos Lara, el autor del libro de botánica con lo de las monocotiledóneas, llegó la noticia por la radio que acompañaba esa parte del día inundando las habitaciones del departamento del primer piso muy cerca del Parque Independencia.

Cuando volvimos a la Dante, una semana después, las órdenes fueron estrictas sobre el cuello de la camisa libre del cabello que debía estar muy corto, se prohibía fumar en los recreos y la Educación de la Realidad Social Argentina pasaba a llamarse Educación Cívica.

En historia la cuestión era ir hacia los sumerios y recién en tercer año asomaba algo de historia argentina pero hasta Rosas, nada más.

Por entonces, ese compañero de otro curso pero del mismo año, Rodolfo “Fito” Páez, tocaba e improvisaba una versión propia del himno en los actos y el cronista que esto escribe era el conductor habitual de esos momentos.

En “Solos en la madrugada”, un joven José Sacristán anunciaba al final del programa de radio que era su hacer en la película que no podía ser que en los próximos cuarenta años se hablara de los cuarenta años de la dictadura de Francisco Franco.

Hoy, quienes abrazamos con pasión el periodismo y somos portadores de los aires multicolores de la democracia recuperada en 1983, sentimos que es imprescindible volver a hablar de los cincuenta años que cumple el último golpe de estado sufrido en la Argentina, el sexto proceso de interrupción de la legalidad institucional en estos arrabales del mundo, iniciado aquel 24 de marzo de 1976, cuando teníamos trece años y debíamos enfrentar una prueba de botánica. La lúcida advertencia de José Sacristán en “Solos en la madrugada” se desvanece ante el peso de la necesidad que surge de la demolición de la conciencia histórica que, en realidad, tiene como consecuencia la destrucción de la conciencia democrática y social, la eliminación de la dimensión política de cada persona ahora devenida en consumidora – consumida y exacerbadamente individualista.

Este libro no está apurado por el valor simbólico de los cincuenta años si no por las urgencias de comprensión del presente, no solamente en la Argentina, sino también en América y el mundo.

Las próximas páginas buscan llegarle, especialmente, a la pibada menor de treinta años, justamente el sector etáreo más castigado por la política de las desapariciones y también la misma franja que sufre la concentración de riquezas en pocas manos, medio siglo después.

Igualmente la pretensión de la llegada del libro siempre es mayor. Pero resulta indispensable lograr la mejor forma de comunicación con las chicas y los chicos e intentar que se piensen los datos y las historias que surgirán de este libro.

Para eso recurrimos a las cinco preguntas básicas del periodismo clásico: qué, quién, cómo, cuándo y dónde y por qué del golpe de estado del 24 de marzo de 1976.

Y luego de una primera vista al intento de contar esa historia desde el presente, surge la evidencia que existen varios qué, distintos quiénes, formas diversas del cómo, multiplicidad de cuándos y dóndes y más de un por qué.

De Videla y Galtieri a Milei, tal como lo piensa el título es también otro camino, un ejercicio intelectual y también sentimental. Podría agrandarse el angular de la cámara y decir que el viaje es de Gerald Ford a Donald Trump. O de aquel Rodolfo Páez que tocaba el piano en la secundaria al presente. Nosotros, cincuenta años después.

A contramano de un viejo juego que se hacía en aquellos años de la secundaria, verdad consecuencia, quizás uno de los métodos más prácticos para pensar lo sucedido es comenzar desde las consecuencias para vislumbrar algo parecido a una verdad.

Una de las dimensiones de la respuestas al qué del golpe es que no solamente se trató de la sexta interrupción de un gobierno popular y constitucional en la Argentina del siglo veinte, si no que se trató de la usurpación del poder político por fuerzas armadas al servicio de las grandes empresas, del gran capital del país en acuerdo con las políticas de los Estados Unidos y la idea de desplazar un modelo autónomo a una economía más financiera que productiva. Estas ideas se verán verificadas a lo largo de esta investigación en dichos, números e historias varias.

Los quiénes, en tanto, dibujarán estrategias de brutalidad y también de cambios en el código genético de la sociedad argentina. Galtieri, por ejemplo, será presentado como el mayor asesino de la historia santafesina y por eso mismo terminó convirtiéndose en la expresión individual de un proyecto de dominación sudamericana que incluirá el origen del narcotráfico y su visión deformada de lo que representaba para los Estados Unidos, especialmente a partir de Malvinas, una guerra derivada de una planificación política parida y auspiciada desde Rosario y Santa Fe. Y por otro lado, mujeres increíbles como Nelma Jalil, Aurora Fracarolli, Marta Bertolino y hombres que vivieron de la muerte y hasta inventaron la suya como Agustín Feced y Gazari Barroso.

Las herramientas, los “cómo” lograr la financiarización de la economía, la construcción de la sociedad obediente y la exacerbación del individualismo y el consumismo, irán desde la ley de entidades financieras a métodos de exterminio que fueron estudiados desde finales de los años cincuenta traídos primero por militares franceses y luego estadounidenses hasta la extranjerización de la economía en cada provincia argentina como sucede e 2026. No resultan casuales la repetición de frases tales como “doctrina de seguridad nacional”, “regreso a Occidente”, “el libre comercio”, “memoria completa” o “el que las hace las paga”.

Desde el Ingenio Ledesma a las Malvinas, la política de la desaparición de personas y la destrucción de los derechos laborales cambiaron las geografías en estos cincuenta años, de allí que habrá varios cuándos y distintos dóndes.

El por qué del golpe está en la consecuencia: 30 mil desaparecidos, seis de cada diez eran trabajadores menores de 35 años. Domesticar las grandes mayorías y especialmente a la juventud, al servicio de unos pocos. Imposición de la resignación y demonización sobre cualquier forma de cuestionamiento. Desde la educación, los medios de comunicación a la política y la economía.

Como lo dijo el diseñador del mapa represivo en el gran Rosario, Ramón Genaro Díaz Bessone, el objetivo del golpe fue defender el capital y la empresa privada, nada de ser nacional o deber patriótico. Sangre joven derramada en el altar de la concentración y extranjerización de las riquezas.

El serio problema está en la cabeza de las grandes mayorías.

El actual presidente de la Argentina, Javier Milei, reivindica el proyecto político de los grupos económicos, los verdaderos titiriteros del golpe de entonces y del presente que le sonríe a los privilegiados únicamente. Pero Milei no está por la marcha de botas sangrientas, si no por la decisión de millones de votos.

Hay que insistir.

Pensamiento propio, soberanía de la cabeza, protagonismo y cercanía.

“Fito” Páez, en aquella canción “Del 63”, terminaba diciendo:

“…El viento me toca la cara, marca un cambio de rumbo

El barrio está igual que ayer

Voltearon la casa de al lado

La gente está igual que ayer

Con un par de guerras encima

Y así empecé el ’83, son casi 20 años de historia

El siglo se muere y no cambia más

Está agonizando en cualquier hospital

Nosotros tenemos la culpa y hay que solucionarlo

Llamemos al débil y al orador, al mozo, al poeta

Al músico, al peón

Llamemos a todos los hombres, que el banquete está listo”.

Medio siglo después, memoria esquina esperanza.

Más que nunca.

Por ellas, por ellos, por nosotros.

Porque todavía tiene sentido hablar y soñar en la Patria Grande.

Porque es imprescindible democratizar la felicidad para compartir del fenomenal banquete de la vida y el cosmos.

En la permanente pelea del amor contra la muerte y el poder.