El Observatorio Social del Transporte alertó que los trenes de pasajeros perdieron el 25% de sus usuarios en 2025 y casi el 40% desde 2023. Eduardo Toniolli aseguró que existe una política deliberada de abandono
El sistema de trenes de pasajeros del interior del país atraviesa un proceso de deterioro acelerado que se refleja con claridad en los números oficiales. Un informe del Observatorio Social del Transporte, basado en datos de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), advierte que durante 2025 la cantidad de usuarios cayó un 25% respecto al año anterior. Si la comparación se extiende a 2023, la pérdida alcanza casi el 38%, lo que equivale a cuatro de cada diez pasajeros menos.
“Uno de cada cuatro usuarios del tren del interior se bajó del sistema en solo un año”, explicó Eduardo Toniolli, integrante del Observatorio, en diálogo con Radio UNR. Para el referente, esta situación no es producto del azar, sino de una decisión política del Gobierno nacional.
“En el AMBA se declaró la emergencia ferroviaria y se pusieron recursos mínimos para evitar el colapso. En el interior, en cambio, la decisión es cerrar los servicios, aunque no lo digan explícitamente”, sostuvo. En ese sentido, detalló que de los 22 servicios regionales y de larga distancia que existían en diciembre de 2023, actualmente solo permanecen activos diez.
El caso del tren Rosario–Retiro aparece como un ejemplo emblemático de este proceso. Toniolli describió que el servicio sufre demoras que superan las siete horas, finaliza en Colegiales en lugar de Retiro, tiene interrupciones frecuentes sin aviso previo y mantiene tarifas similares a las del colectivo, a pesar de ser mucho más lento e imprevisible. “No se lo cierra de un día para otro, se lo boicotea. Nadie puede planificar un viaje así”, afirmó.
Según el especialista, esta “degradación planificada” busca reducir progresivamente la cantidad de usuarios para que, cuando llegue el cierre definitivo, no genere un fuerte rechazo social. “Es lo que pasó con el tren Rosario–Cañada de Gómez: tenía alrededor de 10 mil usuarios mensuales en su mejor momento, lo fueron castigando y cuando la gente dejó de confiar, lo cerraron”, recordó.
Toniolli también cuestionó la persistencia de concesiones privadas heredadas de los años 90, que condicionan el funcionamiento de los trenes de pasajeros. “El Estado invirtió en renovar vías y colocar barreras automáticas, pero las reglas las siguen poniendo las empresas de carga, que no necesitan velocidad. Es una lógica contraria a cualquier sistema ferroviario moderno”, explicó.
En ese marco, advirtió que el rumbo oficial combina privatización del sistema ferroviario con desregulación del transporte terrestre. “El horizonte es un esquema de combis sin controles, sin planificación y sin seguridad”, alertó. A nivel regional, señaló que esto ya impacta en estudiantes y trabajadores que deben alquilar en Rosario o viajar hacinados en colectivos, aun viviendo a pocos kilómetros de la ciudad.
“El tren no es rentable en términos contables, pero sí en términos sociales”, remarcó Toniolli. “En todo el mundo los Estados invierten en ferrocarriles porque mejoran la logística, reducen el tránsito en rutas y garantizan movilidad. Acá estamos yendo en sentido contrario: es una involución”, concluyó.
