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8M: cómo se organizan las mujeres para marchar hacia el Congreso


El próximo jueves se hará el segundo Paro Internacional de Mujeres (PIM) contra la violencia machista y en Buenos Aires habrá una movilización desde Plaza de Mayo al Congreso, cuya organización fue definida por cientos de feministas que en cuatro asambleas discutieron desde quiénes hablarán en el escenario hasta qué debe decir la bandera.

«¡No sean biologicistas, compañeras, la bandera de arrastre tiene que decir paro internacional feminista!» gritó una joven que participaba ayer, durante la última asamblea, del debate en la comisión de Logística. La otra opción era «paro internacional de mujeres, lesbianas y transexuales».

El primer PIM se hizo en marzo del año pasado y sus antecedentes se remontan a octubre de 2016, cuando las mujeres de Argentina, Polonia y Corea hicieron huelgas y movilizaciones como respuesta a las violencias que experimentan.

El 8 de marzo próximo, los movimientos que integran el PIM esperan la participación de mujeres de unas 200 ciudades en más de 50 países.

En Buenos Aires, durante los cuatro viernes de febrero, cientos de mujeres -las organizadoras estiman 1.500 los primeros tres y 3.000 ayer- se reunieron en un predio contiguo a la estación de trenes Federico Lacroze para discutir todas las cuestiones relativas a la movilización del #8M. Las asistentes intercambiaron opiniones distribuidas en cuatro comisiones: Comunicación, Seguridad, Documento y Logística, en esta última se vieron los debates más acalorados: allí se decidía, además de la consigna de la bandera, quién encabezaría la marcha y el orden de las columnas.

En los encuentros anteriores había quedado claro que, «por consenso», en la cabecera irían algunas mujeres que «representan los conflictos» -sobrevivientes de trata con fines de explotación sexual, travestis que sufrieron violencia institucional y mujeres despedidas de sus trabajos, por ejemplo- y que detrás estarían las integrantes de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito con los pañuelos verdes; el problema era quiénes vendrían después y en qué orden.

«¡Las compañeras sindicalistas no son los chongos de la burocracia sindical!», afirmó, ya quedándose sin voz, una de las más de cien mujeres que participaba anoche de la comisión de Logística, cuando el debate llevaba más de tres horas, pasadas las nueve de la noche.

Los «grandes bloques» que peleaban por el segundo lugar, detrás de «La Campaña», eran dos: los movimientos feministas –identificados principalmente con Ni Una Menos- y las organizaciones gremiales -integradas por mujeres de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), entre muchas otras-. Los partidos políticos –mayormente de izquierda- ocuparían un indiscutido tercer lugar.

En el debate sobre el contenido del documento que se leerá, como cierre de la movilización, en el escenario de la Plaza de los Dos congresos, no hubo grandes discrepancias pero sí una larga lista de puntos a añadir. Allí, el momento de mayor tensión ocurrió cuando un grupo de travestis exigió tener un documento propio porque sus reclamos son «invisibilizados» por el resto del movimiento.

«¿A ver si se abren las feministas cis?», dijo en voz alta la más aguerrida de las travestis, mientras intentaba llegar al centro del circulo de mujeres, desde donde luego agregó: «Ahora que hay tanto academicismo, tanto intelectual, ¿me pueden explicar a mí, que soy trava, originaria, migrante y analfabeta, qué es el feminismo radical? ¡Nosotras también somos feministas!».

Las feministas radicales, vestidas de negro, tuvieron su turno y, aunque no lo dijeron abiertamente, quedó claro que para ellas las travestis no son parte del movimiento, quizás porque no son «cis», término que se utiliza para identificar a aquellas personas cuyo género y sexo biológico coinciden, es decir, las personas que no son «trans».

Otras cuestiones organizativas, afortunadamente, fueron de más fácil resolución: el recorrido de la marcha, las calles que deberá liberar la policía –previa reunión de algunas representantes del movimiento con personal del Ministerio de Seguridad porteño-, cuáles serán las vías de desconcentración, el presupuesto para el escenario, el día y lugar de la conferencia de prensa que anunciará formalmente el paro y la distribución de los puestos sanitarios y de los camiones que repartirán agua, por ejemplo.

La asamblea culminó con una «puesta en común» de los «consensos» a los que había llegado cada comisión, según anunciaron las organizadoras mientras pedían a todas las asistentes que se acercaran porque «la compañera del sonido» se tenía que ir. Ya eran casi las diez.

Aunque esta parte del encuentro fue distendida y breve, y tuvo por objetivo hacer un cierre, algunas cuestiones seguían sin quedar claras, ¿cuál será el orden de las columnas, quién podrá subir al escenario, quiénes leerán el documento? Todo indica que en los días que restan de aquí al jueves seguirán las definiciones.

El 8 de marzo próximo se espera una afluencia multitudinaria de mujeres hacia el centro porteño, así lo vaticina la convocatoria que tuvo el año pasado el primer Paro Internacional de Mujeres.

En Argentina, el primer Paro de Mujeres se hizo en octubre de 2016, como una reacción ante la violación y asesinato de Lucía, la joven marplatense de 16 años, y la represión policial en el 31° Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario.